Llegado este momento

Llegado este momento,

los cuarenta,

sólo yo recuerdo toda mi vida.

Si acaso.

 

Siento cada una de las dudas,

anhelo los besos apenas insinuados,

las caricias furtivas que fueron,

o es que no fueron,

en mi memoria.

 

Pero cómo puedo contrastar el ansia,

los desengaños, las medias verdades

y las completas mentiras.

 

Las promesas esquivas

de los destinos que quizá no tomamos.

 

Si sólo yo recuerdo, apenas,

aquellas noches en vela,

las taquicardias,

el miedo a no llegar a la siguiente meta.

A nada.

 

Sólo yo quedo para contar el relato,

completar el discurso,

la partitura,

con los tonos y matices de mi vida

y sus heroicas patrañas.

 

Soy yo,

la única caricatura de mi mismo,

el que hace y deshace las anécdotas,

los mitos y los hitos,

para dejarme siempre del derecho,

con mi perfil más bueno.

 

Llegado este momento,

sólo anhelo a que me valideis,

todas y cada una de vosotras,

que es cierto,

que cuando nos abrimos las tripas,

erais vosotras las que estabais conmigo.

 

Yo: me quisiste? Recuerdas?

Tu: bonitos años fueron esos.

Yo: Pero inequívocamente, me quisiste?

Tu: hace tanto tiempo…

 

Pero que no pase, no, que el tiempo muera

y que sigan quemando las palabras,

el deseo, todas las ganas.

 

Que simplemente sean,

como yo las recuerdo,

desesperadamente.

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Sigue siendo el peso de tu cuerpo 

Sigue siendo el peso de tu cuerpo desnudo,

el que me libera de mis miedos

y desengaños.

 

Tras esta niebla de medias mentiras,

descubro,

que es fácil emborracharme de indiferencia,

para dejarnos ir, me basto solo,

es amar, amarte de forma desmedida,

lo que me consume.

 

Sigue siendo únicamente tu ánimo

el que marca las fronteras de todos mis estados,

“It’s siempre complicated”.

 

Amar es tan difícil,

que preferiría, las veces, odiarte,

liberarme de esta carga imposible

de expectativas insatisfechas.

 

¡Ámame tu!,

dame la excusa, el ancla, la puerta

a tus secretos

y mis descansos.

2012

Muy amiga mía

Muy amiga mía:

Desde que no estamos juntos

los meses han aprendido a andar deprisa,

ahora corren a mi alrededor

y me marean,

tendrías que verlos…

 

¿No parece tan sólo ayer

cuando nos miramos en los ojos,

aun unidos,

y me asesinaste los sueños?.
Pues fue casi mañana,

pero no te apures por el tiempo,

ya no.

 

Desde que me eres extraña

no he estado solo,

pero rodeado de un vacío inmenso

te he buscado por todas partes

como si olvidase donde estabas.

 

Me he muerto muchas veces

ahogado sin tu aliento,

orgullosa amiga.

 

¿Cómo estás tú?

¿me has echado en falta?

Cuéntame lo que piensas

que nos quedan menos días

para abrirnos de nuevo el alma.

 

Solamente quería que supieras

que estoy harto de creerte a ratos

a mi lado y luego perder las ganas

en tu indiferencia.

 

Me despido ya con muchos besos

y un abrazo entero,

mi orgullo te manda recuerdos suyos.

 

Escribe pronto, muy amiga,

siempre mía.

2002

Vuelvo a hablar, amor

Vuelvo a hablar, amor, por los codos, con las manos,

bebiendo tus besos a tragos, largos,

mientras acaricio con ganas tus labios a mordiscos

y me sabes a fruta y al café de la tarde

dejándome un dulce regusto a sonrisa, al final de tu boca.

 

Deseo nadarme en los océanos de tus ojos

y escalar, aventurero de ocasión, las cúspides heladas de tus pechos

para resbalar desde allí al centro mismo de tus secretos.

 

Y vuelvo a cantar canciones con letras olvidadas

escritas desde el pavor de todas mis derrotas,

volviéndome idiota de amor por mí y por tí.

 

Incluso me sorprendo escribiendo mi nombre en grandes letras

al lado débil de tu inmenso cuerpo desnudo.

Pero qué pronto descubro que en la poesía estoy solo yo,

donde debieras estar tú, o ambos, o ninguno,

cuando no me queda espacio ni tiempo para nada,

ni siquiera para deleitarme con la muerte.

2004

Cadenas de piel

Cadenas de piel, de miel, de hiel,

untuoso encierro de miedos y promesas

de un futuro que nos pertenece,

a otros.

 

Rutinas con sordina, de desengaños,

rencores armados de agravios y

una marea de medias mentiras

que no cesa, no ceja, de ahogarme

en un silencio abandonado.

 

Infinitas correcciones, quiebros y cambios,

enfados,

que no mejoran nunca, nada, y

nos hunden en este abismo de apariencias,

experiencias repetidas hasta el desánimo.

 

Desesperadamente, no busco nada,

perpetuarme en esta invisibilidad cansada,

desaparecer, para no romper nada,

más que a mí mismo.

Recuerda las noches, amiga mía.

Recuerda las noches, amiga mía,

cuando se nos leían las almas

en el espejo empedrado y despertábamos

tantos sueños imposibles, volados.

 

Y recuerda, los días, fruta perdida,

cuando nos estudiamos en la tierra

y el cielo llovía tentaciones,

promesas y retos inventados.

 

También y cuando sorbías, cómplice,

cucharadas de tiempo y dudas

y los minutos sabían a café con risas,

náufragos en una isla de azúcar.

 

Pero olvida si puedes, al menos,

todo lo que nunca fuimos y tal vez yo quise,

seguimos al fin y al cabo esclavos

del surco hendido por otros pasos,

rumiando nuestras mentiras para siempre.

Sigue lloviendo fuera.

Sigue lloviendo fuera

y dentro, en la habitación,

encuentro el frío para resguardarme.

 

Tristeza plana, corazón latiendo

por costumbre, y un cuerpo que quiere retener

el calor acumulado

por los años de rozarte.

 

De cuando nos viajábamos, sin prisa,

y mi ocupación era ser minucioso

empleado de tu cuerpo.

 

Pero es ahora que busco mis certezas,

de no haber sufrido, menos que nada,

y dudo si sabré, entonces,

si podré a estas alturas,

si habré sabido, en fin, amarte.

 

Desde las orillas de todo,

vuelvo siempre a lo mismo,

funcionario minucioso de tus manos,

escolta atento de tus dudas,

vigilante de mis discretos desengaños.