Tengo aquí de todo, para darte

Tengo aquí de todo, para darte,
menos mi amor.

Podemos pasear a la intemperie de mis sentimientos,
allí donde hace más frío.

Podemos bailar con ojos cerrados,
como si estuviéramos absolutamente solos.

Podemos atragantarnos de series en el sofá,
disecados de tantos silencios.

Podemos compartirnos besos
y enfriarlos poco a poco,
como el agua tibia del lavabo.

Podemos derramar una soledad brutal
por los recovecos de nuestros abrazos.

Pero no me pidas amor,
que lo tengo bien guardado,
escondido entre los fracasos,
esperando que pase algo,
una bomba, un disparo de luces,
un amago de sonrisa.

Un engaño.

¿Qué has entendido de mí?

¿Qué has entendido de mí?,
después de los años,
¿qué caricatura grotesca
han dibujado las promesas y los desencantos?

Nos creímos al cabo de la calle,
y retornamos de vuelta a la casilla de salida.
Mientras, nos han pasado por encima
los éxitos entre los fracasos.

Descubrimos juntos que es posible
querer sin fondo a nuestros hijos,
y nos ajamos casi sin querer
entre visitas al gimnasio.

Ahora, te escondo lo que siento,
no por miedo a que me conozcas.
Si ya lo sabes realmente todo.

Si no por pavor a que te descubras
como intuyo quien llevas siendo,
desde hace más que un tiempo.

Pero a pesar de todo,
de tanto,
me has vertido pacientemente
una vida entera.

Un regalo.