Recuerda las noches, amiga mía.

Recuerda las noches, amiga mía,

cuando se nos leían las almas

en el espejo empedrado y despertábamos

tantos sueños imposibles, volados.

 

Y recuerda, los días, fruta perdida,

cuando nos estudiamos en la tierra

y el cielo llovía tentaciones,

promesas y retos inventados.

 

También y cuando sorbías, cómplice,

cucharadas de tiempo y dudas

y los minutos sabían a café con risas,

náufragos en una isla de azúcar.

 

Pero olvida si puedes, al menos,

todo lo que nunca fuimos y tal vez yo quise,

seguimos al fin y al cabo esclavos

del surco hendido por otros pasos,

rumiando nuestras mentiras para siempre.

Sigue lloviendo fuera.

Sigue lloviendo fuera

y dentro, en la habitación,

encuentro el frío para resguardarme.

 

Tristeza plana, corazón latiendo

por costumbre, y un cuerpo que quiere retener

el calor acumulado

por los años de rozarte.

 

De cuando nos viajábamos, sin prisa,

y mi ocupación era ser minucioso

empleado de tu cuerpo.

 

Pero es ahora que busco mis certezas,

de no haber sufrido, menos que nada,

y dudo si sabré, entonces,

si podré a estas alturas,

si habré sabido, en fin, amarte.

 

Desde las orillas de todo,

vuelvo siempre a lo mismo,

funcionario minucioso de tus manos,

escolta atento de tus dudas,

vigilante de mis discretos desengaños.

Todas las putas son tú…

Todas las putas son tú,

cuando despierto acompañado

de tu ausencia.

Desesperado de lo que no llega,

adicto a tu amor y algunos ansiolíticos.

 

Sé que fuera de ti no hay nada,

otro día,

exactamente igual que ayer.

 

Fuera de ti no soy nadie, menos yo,

reflejo velado de lo que me ves,

tras una cortina tibia de cariño

y cercanías.

 

Sólo tengo un objetivo,

que me quieras,

cómo entonces intuyo me querías,

de forma bárbara e irrevocable,

todos los días de mi vida.

 

Y todas las noches.

Siempre es un poco más tarde

Siempre es un poco más tarde

y pararse por parar tan sólo,

resulta una mentira triste

a la prisa que nos mueve.

 

Después de cada paso hay tantos, otros,

¡cuidado!, que no se traben,

y no medites, edites tus respuestas,

mientras te engulle el sistema, lentamente,

escupiendo un rastro de despojos

en grandes titulares falsos.

 

Claro que queda el consuelo, estadístico,

de cantar más alto que la media, o más fuerte,

y conquistar un trozo de cielo más amplio,

al enemigo.

 

Y seguimos corriendo como locos

a la caza de todos los sueños huecos,

hasta que nos nazca la muerte en el pecho,

y podamos, al fin, caernos libres en la vereda.

2004