Sigue lloviendo fuera.

Sigue lloviendo fuera

y dentro, en la habitación,

encuentro el frío para resguardarme.

 

Tristeza plana, corazón latiendo

por costumbre, y un cuerpo que quiere retener

el calor acumulado

por los años de rozarte.

 

De cuando nos viajábamos, sin prisa,

y mi ocupación era ser minucioso

empleado de tu cuerpo.

 

Pero es ahora que busco mis certezas,

de no haber sufrido, menos que nada,

y dudo si sabré, entonces,

si podré a estas alturas,

si habré sabido, en fin, amarte.

 

Desde las orillas de todo,

vuelvo siempre a lo mismo,

funcionario minucioso de tus manos,

escolta atento de tus dudas,

vigilante de mis discretos desengaños.