Tengo aquí de todo, para darte

Tengo aquí de todo, para darte,
menos mi amor.

Podemos pasear a la intemperie de mis sentimientos,
allí donde hace más frío.

Podemos bailar con ojos cerrados,
como si estuviéramos absolutamente solos.

Podemos atragantarnos de series en el sofá,
disecados de tantos silencios.

Podemos compartirnos besos
y enfriarlos poco a poco,
como el agua tibia del lavabo.

Podemos derramar una soledad brutal
por los recovecos de nuestros abrazos.

Pero no me pidas amor,
que lo tengo bien guardado,
escondido entre los fracasos,
esperando que pase algo,
una bomba, un disparo de luces,
un amago de sonrisa.

Un engaño.

Sigue lloviendo fuera.

Sigue lloviendo fuera
y dentro, en la habitación,
encuentro el frío para resguardarme.

Tristeza plana, corazón latiendo
por costumbre, y un cuerpo que quiere retener
el calor acumulado
por los años de rozarte.

De cuando nos viajábamos, sin prisa,
y mi ocupación era ser minucioso
empleado de tu cuerpo.

Pero es ahora que busco mis certezas,
de no haber sufrido, menos que nada,
y dudo si sabré, entonces,
si podré a estas alturas,
si habré sabido, en fin, amarte.

Desde las orillas de todo,
vuelvo siempre a lo mismo,
funcionario minucioso de tus manos,
escolta atento de tus dudas,
vigilante de mis discretos desengaños.

Al fin he aprendido a reducir mi amor a un sólo beso

Al fin he aprendido a reducir mi amor a un sólo beso
y ahora, voy a invadirte de pronto toda la boca,
para alargarme desde allí,
por el mapa salvaje de tu cuerpo.

Será tan fácil, que basta que ame yo, desesperadamente,
y de todos modos te perderás, confusa e inocente
entre tus labios y mi deseo.

Voy a recorrerte deprisa y con cuidado,
desvelando los secretos de tus miedos,
dueño hasta de tus gestos íntimos de sorpresa,
hasta que convertida en dócil marioneta,
seas esclava del amor y también mía.

No te escondas ahora, que ya te tengo,
atrévete cobarde y afronta, si puedes,
de una vez por todas, mi encuentro.

2005

Hoy se ha levantado el día oliendo a miedo

Hoy se ha levantado el día oliendo a miedo,
y toda la semana.

Somos más de dos, contando la sospecha,
y me sobran monstruos debajo de la cama.

Hace un día malo y solo.
Tras la ventana llueven silencios
y se cuelan inseguridades heladas
por las rendijas de tus sábanas.

El dilema de mis brazos es que no saben,
protegerme entre nosotros y este tiempo,
y nuestros besos son escalofríos, falsos retos,
ascuas mal apagadas de goces de otros, pasados.

Yo soy así, ¡rápido me vence el desamor!,
tanto que no llego a sufrir ni las derrotas,
“mind the gap” y a seguir amando.

2004