Recuerda las noches, amiga mía.

Recuerda las noches, amiga mía,

cuando se nos leían las almas

en el espejo empedrado y despertábamos

tantos sueños imposibles, volados.

 

Y recuerda, los días, fruta perdida,

cuando nos estudiamos en la tierra

y el cielo llovía tentaciones,

promesas y retos inventados.

 

También y cuando sorbías, cómplice,

cucharadas de tiempo y dudas

y los minutos sabían a café con risas,

náufragos en una isla de azúcar.

 

Pero olvida si puedes, al menos,

todo lo que nunca fuimos y tal vez yo quise,

seguimos al fin y al cabo esclavos

del surco hendido por otros pasos,

rumiando nuestras mentiras para siempre.